A estas alturas de la vida – como se suele decir -, pienso que he dejado de manifiestar muchas cosas, de expresar muchas emociones y sentimientos porque, engullida por la preocupación del día a día, habré olvidado que el tiempo es limitado y que la vida vislumbra su final…
Hace poco, por Internet, descubrí o me hicieron saber de un “blog” en el que participé escribiendo en un concurso de relatos… No fue mal: me esmeraba en la redacción y en la idea que regía la norma de ese concurso, y me distraje, la verdad… Cuando terminó, seguí con avidez leyendo comentarios y el principio de otra versión dedicada a la pintura, al Arte… al “Arte”.
Hace poco, por Internet, descubrí o me hicieron saber de un “blog” en el que participé escribiendo en un concurso de relatos… No fue mal: me esmeraba en la redacción y en la idea que regía la norma de ese concurso, y me distraje, la verdad… Cuando terminó, seguí con avidez leyendo comentarios y el principio de otra versión dedicada a la pintura, al Arte… al “Arte”.
Después de leer variados comentarios de “gente de elite” versada en el tema, me di cuenta de lo inútil de mi participación en el coloquio… No se tanto pero intuyo mucho. Y me he dado cuenta también de que ignoro mucho, pero siento más de lo que imaginaba… No obstante, intuir, imaginar, emocionarse, sentir, están en la periferia de nuestro ser y mi gran anhelo es llegar a lo más íntimo, a la esencia…En la esencia no está el saber, habita el conocimiento.
Y partir de ahí ¿cómo poder expresarme?. Por tanto, vuelvo a las herramientas que me hacen posible la palabra: la emoción, el sentimiento, la intuición, el aprendizaje constante y lo que llaman crecimiento personal. Pero en otra dirección, que cursa paralela al saber de tantas cosas y se detiene en la grandeza de la pequeñez de todo lo que nos rodea y a lo que tenemos acceso quienes sólo hemos podido dedicarnos al “vivir de cada día” con innumerables afanes que salvar…
Me siento privilegiada por tener un tiempo de reflexión todavía; hay quien hasta su último momento en este mundo, vive de pura lucha, de pura supervivencia. A todos ellos, a los que no saben, a los que lloran, a los que ríen de simple instinto, a los triviales y a los que intentan algo más, quisiera acompañar con mis palabras, en ese camino árido y escarpado hacia el misterio infinito… que es allí hacia donde todos vamos con nuestros bagajes repletos del inapreciado “arte de vivir”.

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