Hay un lenguaje del corazón que sólo es para Dios...
Un sueño no se contrapone a la realidad, es un deseo en su más alta dimensión, es la utopía de ese deseo, que puede hacerse realidad.
Nuestra fraternidad universal sólo crece con la savia del amor, de ese amor más fuerte que la muerte, que trasciende la esperanza y se cimienta en la luz inaccesible de donde fuimos creados por Amor y a la que anhelamos llegar, siempre acompañados de una nostalgia que no comprendemos, como si tuviésemos que volver al dulce hogar ya conocido y del que no somos conscientes. Un hogar donde refugiarnos de las embestidas del mundo, de la desesperación y del horror. Acogidos, comprendidos, amados hasta el extremo, por haber ensayado ya el amor entre nosotros.
Un sueño no se contrapone a la realidad, es un deseo en su más alta dimensión, es la utopía de ese deseo, que puede hacerse realidad.
Nuestra fraternidad universal sólo crece con la savia del amor, de ese amor más fuerte que la muerte, que trasciende la esperanza y se cimienta en la luz inaccesible de donde fuimos creados por Amor y a la que anhelamos llegar, siempre acompañados de una nostalgia que no comprendemos, como si tuviésemos que volver al dulce hogar ya conocido y del que no somos conscientes. Un hogar donde refugiarnos de las embestidas del mundo, de la desesperación y del horror. Acogidos, comprendidos, amados hasta el extremo, por haber ensayado ya el amor entre nosotros.
Y mi sueño me hablaba...: Sin fronteras ni diferencias por razas, nada nos separará, porque cada uno de nosotros se sabe creado por Dios; el color de la piel y las distintas culturas son indiferentes, las lenguas llamadas propias, son sencillamente un vehículo de comunicación y la diversidad nunca creará distancias porque todo es don gratuíto y riqueza mutua.
Ni siquiera la historia nos pertenece: formamos parte de la misma en un momento determinado y en un lugar concreto; pero la vida nos ha sido dada y el discurrir en esa historia será explicado según hayamos hecho opción por caminar junto a los marginados y los más pobres de la tierra y hayamos derramado el amor en todo nuestro entorno, o hayamos hecho la opción de formar parte de los que bien viven a la sombra del poder y en la cómoda instalación de las ambivalencias de nuestro yo, con la filosofía que tiene el egoísmo por denominador común y paga el más alto precio: un corazón vacío...
En mi sueño nos decíamos: Cuando tu seas viejo, yo te ayudaré; cuando estés solo iré a tu lado; cuando me veas pobre de todo, tomaré lo que me des para compartirlo, cuando tu rías yo seré feliz contigo, cuando yo llore de dolor: bendeciré tus manos que me darán consuelo...
Entonces se podrá decir que, nuestro existir ha sido como un círculo en las aguas de una inmensidad, impelido por el estremecimiento concéntrico de tantos otros, y guardará la resonancia que, desde el centro, desde el AMOR, nos invita a vivir una Vida Nueva.
Ni siquiera la historia nos pertenece: formamos parte de la misma en un momento determinado y en un lugar concreto; pero la vida nos ha sido dada y el discurrir en esa historia será explicado según hayamos hecho opción por caminar junto a los marginados y los más pobres de la tierra y hayamos derramado el amor en todo nuestro entorno, o hayamos hecho la opción de formar parte de los que bien viven a la sombra del poder y en la cómoda instalación de las ambivalencias de nuestro yo, con la filosofía que tiene el egoísmo por denominador común y paga el más alto precio: un corazón vacío...
En mi sueño nos decíamos: Cuando tu seas viejo, yo te ayudaré; cuando estés solo iré a tu lado; cuando me veas pobre de todo, tomaré lo que me des para compartirlo, cuando tu rías yo seré feliz contigo, cuando yo llore de dolor: bendeciré tus manos que me darán consuelo...
Entonces se podrá decir que, nuestro existir ha sido como un círculo en las aguas de una inmensidad, impelido por el estremecimiento concéntrico de tantos otros, y guardará la resonancia que, desde el centro, desde el AMOR, nos invita a vivir una Vida Nueva.

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